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En un par de días en Buenos Aires ya me había contagiado el acelere de la mayoría de los porteños. Y sin necesidad. Pensé en mimarme un poco. Una buena sesión de masajes podría ser. Busqué en la guía de servicios del Ambito Financiero. Me sorprendió una página entera. Comencé a buscar. “... Dos bebotas te hacen la fiestita....” “...Morocha infartante...! Y seguían. No. No era eso lo que buscaba. Ya había experimentado esto, con muchachas de ojos tristes y sonrisa aburrida. El sabor amargo que dejaba la experiencia no valía la pena.

De pronto, un aviso distinto llamó mi atención. Masajes ayurvédicos. Parecía interesante. Y una dirección en internet. Entre a un cyber y la miré. Una mujer joven de rostro exótico me sonreía en la hoja principal. La página lucía muy bien hecha. Estaba escriba en primera persona y autopromocionaba su sistema de masajes.“..Me mato toda...... un servicio único en Buenos Aires......” Y así. El texto era muy claro en muchos aspectos, técnicas, etc. Y sutilmente confuso en otros. De que tipo de masajes exactamente se trataba? Me causó gracia un capítulo dedicado a las cartas de pacientes satisfechos. Había uno de Comodoro Rivadavia. Se me ocurrió que serían inventados, y que eligieron algún lugar mas o menos lejano. Pensé que yo vivía aún 1000 km. más al sur, que bien podría ser de mis montañas. Con bastantes errores de redacción (nota de Olirita: jamás corrijo los mails que me mandan para que no pierdan la espontaneidad ya que casi siempre los escriben emocionados ).

Además, había de un turista extranjero. Luego de conocer el Lugar de Olirita comprobaría que eran reales y que inclusive se quedaban cortos en sus elogios. La página sugería, con poca sutileza, que ese era el nivel habitual de la clientela. Me olvidé del asunto. Más tarde, entré nuevamente a internet a revisar mi correo y leí un informe de los negocios poco claros del matrimonio presidencial. Los dos K. Y vino a mi memoria la dirección electrónica de los masajes. Olirita@correo2k.com.ar Que casualidad. Entonces, sin pensarlo demasiado, escribí por un turno. Solicité una sesión Premium, que recordaba que era a cuatro manos. Me contestaron rápidamente. Pero nada de Premium. Me ofrecían una sesión inicial extendida. Entonces más me interesó e intrigó el asunto. Esto era de un costo menor. De que se trataría en realidad? Acepté.

Al día siguiente, mientras me duchaba para ir, toda la paranoia de la inseguridad se hizo presente. Tomé las precauciones habituales. Dejé todas las tarjetas de crédito y el dinero de mi billetera. Solo conservé la cédula y algo más del importe de la sesión. Lo llamé a mi viejo amigo para avisarle. Si no te llamé en dos horas, mandame la caballería.... le dije.

Llegué al lugar bastante nervioso. Crámer y J. Hernández. El edificio era de categoría. Al menos esto era tranquilizador. El primer encuentro fue bastante decepcionante. Bajó a abrir una muchacha menudita. Me parecía que su mirada era algo tìmida y que estaba algo incómoda. No me di cuenta que era la misma Olirita de la fotografía hasta que conversamos un rato. Cuando entramos al departamento comencé a tranquilizarme. Era un lugar luminoso y cálido. Unos blancos sillones y algunos adornos de buen gusto, junto a una gran mesa, conformaban el living. Olirita, sentada en un extremo del sillón parecía una figura diminuta. Conversamos un rato. Quería saber que era lo que andaba buscando y lo averiguaba con habilidad y discreción. Me explicó acerca de la armonización, los chakras y cosas así. Le conté algo acerca de mi cintura dolorida.

Me mostró, con orgullo de propietaria, las instalaciones. Una habitación con un gran futón que ocupaba casi todo el espacio me cautivó. Luego me llevó a otro salón con una camilla especializada. Ver que era de madera clara y maciza me agradó. Es realmente cómodo para recibir un masaje.

El desvestirme ante una desconocida siempre fue algo bastante difícil para mi. Me dijo: Puede quedarse en ropa interior o sin ella es libre. Elegí la libertad. Igualmente, la sensación de mi cuerpo desnudo, que ya no soy joven, con arrugas, me generaba un sentimiento de incomodidad difícil de superar. Ni bien comenzó su masaje, mis temores comenzaron a disolverse. Olirita sabía lo que hacía. Una charla no demasiado entusiasta acompañaba la sesión. Me pareció que me contestaba por cortesía, pero que prefería el silencio. Ahora me sentía cada vez mas cómodo y relajado. Y empecé a disfrutarlo. A medida que la sesión avanzaba comencé a sentir que perdía la noción del tiempo. Una sensación nueva y extraña. Era como estar dormido pero totalmente despierto a la vez. Y una profunda sensación de liviandad. Ignoro cuanto duró esto. Lo último que recuerdo son agradables masajes en el pecho. Y debo haberme dormido profundamente. Me despertó Olirita suavemente. Verdaderamente, aquella muchacha irradiaba paz y calidez. Me hubiera quedado así todo el día. Me vestí, le pagué, y charlamos unos minutos antes de irme. Ahora la notaba distinta. Su sonrisa más cálida. Su mirada más brillante.

El bienestar que me produjo se prolongó los días siguientes. Seguí corriendo con mis cosas. Hice un viaje relámpago a Córdoba. Sentí ganas de repetir la experiencia antes de volverme a la Patagonia. La visión de aquel salón con el gran futòn, y el ambiente de encanto y misterio que lo envolvía venían una y otra vez a mi conciencia, a toda hora del día.

Volví a pedirle un horario para aquella sesión Premium que había requerido la primera vez. Esta vez accedió. Coordinamos el horario.

Ya mucho más relajado, toqué nuevamente el timbre, un poco atrasado, en la casa de Olirita. Otra vez bajó ella a abrirme. Sutiles cambios se habían producido. La severa chaqueta blanca del primer día, que le daba ese aire doctoral que marcaba barreras, ahora había sido reemplazada por una blusa de exquisito buen gusto, que insinuaba unos pechos plenos y rotundos que no había advertido la primera vez. Traté de reprimir la sensación de erotismo que su presencia irradiaba. Volví a percibir en ella una sensación de incomodidad. Algo en mi actitud la estaría incomodando? Llegué a la conclusión que debía ser yo el de la sensación. Nuevamente en el living luminoso, parecía que todos los ruidos, las tensiones, los apuros quedaban atrás. Una paz me invadía nuevamente. Un libro de ayurveda sobre la mesa parecía la lectura que estaba leyendo Olirita. Me presentó a su hermana y asistente. Otra muchacha agradable.

Me condujo a la habitación que había excitado mi imaginación el primer día. Todo en ella, los olores, la iluminación, la música, era atractivo e irradiaba un encanto distinto. Esto de recibir un masaje de dos masajistas a la vez era una experiencia nueva para mi. Mientras me desvestía, la vieja sensación de incomodidad ante mi propia desnudez volvió a invadirme. Pero ya estaba allí. Imposible retroceder.

Me sorprendió que iniciáramos esta sesión boca arriba. No es lo habitual. Pero Olirita imponía su autoridad con voz suave pero enérgica a la vez. No me animé a iniciar ninguna conversación. Me parecía que esto debía ser disfrutado en silencio. Olirita, detrás de mío comenzó a trabajar sobre mi cabeza calva. Su hermana sobre mis pies. Mil sensaciones, todas placenteras comenzaron a atravesarme. Me sentía excitado y me avergonzaba la posibilidad que se notara. Por suerte, a poco de empezar, sentí que la asistente me cubría con una toalla. Una vez mas, lentamente, comencé a perder conciencia del paso del tiempo. Decidí que debía entregarme totalmente a esas cuatro manos que generaban tan deliciosas sensaciones. Alcanzaba a notar la diferencia de estilos. El masaje de Olirita irradiaba un aire mas calmo y sereno que el de su hermana. Pero, igualmente, el placer era inenarrable. En un momento sentí el roce de unos cabellos sobre mis muslos. Traté de reprimir la excitación que esto me produjo. Ojo, me dije a mi mismo, con tu imaginación que se desborda. Acordate que esto es un masaje profesional. Pero luego, no se en que momento y sin darme cuenta, el masaje se hizo mas suave y comencé a percibir el erotismo de la situación. Si bien era fruto de mi imaginación, esto en parte también era por el exquisito tratamiento que estaba recibiendo. Entonces no necesitaba seguir reprimiéndome. Solo debía dejarme llevar. Era tan intenso el placer que sentía la imperiosa necesidad de devolver algo de lo que estaba recibiendo. No me animaba a mover mis manos, reposando en el futón. Hubiera querido acariciar esos brazos y esas manos que tanto goce me brindaban. Me anime apenas a rozar un muslo, pudorosamente protegido por un par de pantalones. Ya no se de cual de las dos muchachas. Y pude tocar un brazo, cálido y fuerte. Alguna de las manos tomo la mía. Es la caricia mas bella que he vivido en mucho tiempo. La intensidad de mi propia sensibilidad me sorprendió. Después de mucho tiempo me sentía nuevamente joven.

Salí de allí sin saber en que términos decir gracias. Me pareció que una propina era ofensiva y rompía el encanto de lo que había vivido. Después me arrepentí por que a ese nivel lo hubieran tomado como un reconocimiento de mi parte a la sesión que me realizaron. No se si aquellas hermanas tendrían conciencia de cuanto me han brindado en esas horas mágicas.

Tres días después abordé el avión para Río Gallegos. Decolamos mientras amanecía. El sol apenas dibujaba las sombras de los inmensos rascacielos porteños. Allá abajo – pensé – en alguno de ellos está Olirita, seguramente durmiendo. Sería una mujer feliz? Probablemente, nunca llegue yo a saberlo.

Río Gallegos, 5 de marzo de 2005

RESPUESTA DE OLIRITA

Hola Mariano PP

Je je PP es por patagónico paranoico. Por un lado aprecio muchísimo tu sinceridad de comentarme tus imaginarios temores, pero jamás se me ocurrió que alguien pudiera tener tanto miedo de venir al Lugar de Olirita. Muchas, muchas gracias por el extenso y original cuento que escribiste. Lo que mas me llega es la dedicación que le pusiste y de que te acuerdes hasta de los mas mínimos detalles. Y si te tengo que contestar tu pregunta sobre si soy una mujer feliz, te digo que no siempre lo fui, pero ahora con mis 30 años, sí puedo decirte que soy plenamente feliz y casi todos los días estoy contenta y alegre de mi vida y de mi profesión. Vivo con mucha paz que vos con tu sensibilidad pudiste percibir. Me encanta que te hayas hecho esta pregunta.

Bueno señor del relato mas lindo que recibí, espero que todo salga bien y nos veamos la semana que viene.

Buen finde, un beso....Oli


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